miércoles 5 de agosto de 2009

De la evacuación, el periodismo y la propaganda

La aparición de las nuevas tecnologías tiene una mixtura perversa con los gabinetes de comunicación de los partidos y la falta de hábitos democráticos de la sociedad española. Resulta que se está poniendo de moda la comparecencia de los políticos ante los medios de comunicación para trasladar un mensaje embalsamado, sin posibilidad de preguntas ni de réplicas. El político mide exactamente lo que quiere decir en reuniones sosegadas con asesores más o menos competentes, embala el mensaje, incluso mediante la elaboración de sofisticados videos con contraste de tonos y colores, lo deposita para su consumo instantáneo, quedando reducidos los periodistas al papel de figurantes de una comedia representada sin público ni críticos capaces del abucheo.

Y mientras esta tecnología de reducción del periodismo a la condición de propaganda se expande, los lectores cada vez tienen menos elementos de contraste en un universo en que los mínimos de calidad democrática de la información ni siquiera están acordados y son imposibles por la adscripción ideológica de las editoriales a una incondicionalidad insoportable con los suyos y una aversión inmisericorde con los contrarios. Naturalmente con honradas excepciones.

Si las empresas periodísticas continúan aligerando costes, la información sin control y sin responsabilidad de firma, circulará como el rumor por las redes. Si los políticos siguen avanzando en el camino a la inmunidad de los escrúpulos, la catástrofe democrática está garantizada. De esa forma, la señora Cospedal puede hacer juegos frívolos de la lucha de la sociedad con el terrorismo o el señor Camps se permite no comparecer después de la resolución judicial que le exime de responsabilidades penales: manda un video enlatado en el que ni siquiera queda claro por la falta de nitidez si ese día llevaba alguno de los trajes recibidos como regalo.

Evacuar propaganda no tiene nada que ver con el periodismo. Por eso, los “remitidos” siguen llevando una aclaración de que se trata de publicidad. El recurso al silencio de los políticos se limita al derecho a no comentar alguna cuestión precisa. Pero si rompen los canales de interlocución con la prensa, como intermediaria de la sociedad, están creando una realidad de censura. Y frente a esto nos tenemos que rebelar los periodistas y los ciudadanos.

Carlos Carnicero es periodista y analista político

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